28/9/09

A vueltas con la píldora



Resulta paradójico cómo gran parte la sociedad española desea converger lo más posible con la Unión Europea, en especial con los países de nuestro entorno más cercano. Nos comparamos a ellos en todos los ámbitos, anhelando caminar tras sus pasos. Que tenemos el doble de paro, que la economía va peor que en Francia, que los alemanes invierten más en I+D, que Gran Bretaña pone en práctica tal o cual medida para tratar de salir de la crisis... En fin, es común considerar necesario imitar a los estados vecinos ya que en España vamos con demora. Pero, por supuesto, cuando llegamos al tema en que los españoles aún sentimos los 40 años de atraso a los que una dictadura nos sometió, las diferencias salen a la luz. Y es que en el tratamiento de la sexualidad España aún está a la cola, tanto psicológica como legislativamente, de Europa. Y viene el tema al caso con razón del comienzo de la dispensación de la píldora postcoital sin necesidad de receta médica en las farmacias de nuestro país. Hay armado un gran revuelo en torno a este discutido asunto. Revuelo que no viene a cuento; La dispensación de la píldora del día después se realiza sin prescripción médica en 15 países de la Unión desde hace varios años sin que sus poblaciones hayan pasado por cuadros traumáticos masivos. Entre éstos estados se encuentran Gran Bretaña, Francia, Holanda y Suecia, naciones en las que siempre nos hemos mirado. En estos territorios se acató la medida como solucíon a un problema de salud pública y para la prevención de posibles abortos.

El problema de la sociedad española es que aún se concibe a sí misma como inmadura. La mente de muchos alberga la idea de que la píldora va a desplazar a anticonceptivos como el preservativo. Hay que explicarle a esta parte de la sociedad que se equivoca profundamente. Los jóvenes españoles -puntualizando más, las jóvenes- no son estúpidas. Conocen perfectamente el riesgo que corren ante enfermedades como el VIH, la Sífilis o la Hepatitis si realizan el acto sexual sin el uso del preservativo. Y más aún, conocen los efectos secundarios de la píldora postcoital -nada agradables en muchos casos- y el desajuste hormonal que produce para la mayoría. Si alguien cree que una jovencita española va a cambiar sus hábitos preventivos sexuales porque la píldora se dispense sin receta médica, está muy equivocado. La mocedad española es lo suficientemente madura con respecto a su sexualidad como para que ésto no ocurra. Algo que, decididamente, no acontece con sus adultos, poseedores aún de viejos clichés en su ordenamiento ético, herencia de otras épocas. Y con la Iglesia, ni topamos. Para algunos, la disposición de la librepíldora va a resultar en un aumento del libertinaje. Algo que no se corresponde con la realidad.

Lo que sí va a evitar este cambio de política de las autoridades sanitarias es la desinformación que se sufría. Pongamos como ejemplo la capital de España. Un joven que se enfrentaba en Madrid a tener que buscar una píldora postcoital lo tenía difícil, con un reto añadido si se encontraba en fin de semana. Estamos hablando de una ciudad que ofrecía tres lugares para dispensar la pastilla para toda la población en caso de situarse la urgencia en domingo. Coincidirán conmigo en que tres lugares para cinco millones de personas no es una cantidad acertada. Asimismo, encontrarlos no era tarea fácil ni uno sabía, hasta que se tenía que enfrentar a ello definitivamente, dónde se encontraban éstas consultas. En la mayoría de los casos las parejas decidían esperar al lunes para poder adquirir el comprimido, con el consiguiente paso de las horas, que hacen que la píldora sea menos efectiva.

La sociedad española ha de adquirir una mayor confianza en sí misma, y sobre todo en su juventud. Es el dilema de un pueblo que ha sufrido cambios muy drásticos en los últimos 30 años, algunos de los cuales son difíciles de asimilar por su población más adulta o conservadora. El que la píldora se dispense sin receta médica es algo que las autoridades sanitarias han venido a considerar pertinente, decisión que, por supuesto, ha de estar acompañada de una campaña de concienciación ante el uso del comprimido y en pos del uso del preservativo u otros métodos anticonceptivos -que nos consta ya activa-. Se ha dejado bien claro que el comprimido postcoital sólo ha de utilizarse en momentos de verdadera urgencia y que su uso continuado es dañino para la salud. Asimismo, es necesario también que la sociedad española haga un acto de credulidad y observe que, en muchas ocasiones, la juventud es más madura de lo que parece.

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