
El problema de la sociedad española es que aún se concibe a sí misma como inmadura. La mente de muchos alberga la idea de que la píldora va a desplazar a anticonceptivos como el preservativo. Hay que explicarle a esta parte de la sociedad que se equivoca profundamente. Los jóvenes españoles -puntualizando más, las jóvenes- no son estúpidas. Conocen perfectamente el riesgo que corren ante enfermedades como el VIH, la Sífilis o la Hepatitis si realizan el acto sexual sin el uso del preservativo. Y más aún, conocen los efectos secundarios de la píldora postcoital -nada agradables en muchos casos- y el desajuste hormonal que produce para la mayoría. Si alguien cree que una jovencita española va a cambiar sus hábitos preventivos sexuales porque la píldora se dispense sin receta médica, está muy equivocado. La mocedad española es lo suficientemente madura con respecto a su sexualidad como para que ésto no ocurra. Algo que, decididamente, no acontece con sus adultos, poseedores aún de viejos clichés en su ordenamiento ético, herencia de otras épocas. Y con la Iglesia, ni topamos. Para algunos, la disposición de la librepíldora va a resultar en un aumento del libertinaje. Algo que no se corresponde con la realidad.
Lo que sí va a evitar este cambio de política de las autoridades sanitarias es la desinformación que se sufría. Pongamos como ejemplo la capital de España. Un joven que se enfrentaba en Madrid a tener que buscar una píldora postcoital lo tenía difícil, con un reto añadido si se encontraba en fin de semana. Estamos hablando de una ciudad que ofrecía tres lugares para dispensar la pastilla para toda la población en caso de situarse la urgencia en domingo. Coincidirán conmigo en que tres lugares para cinco millones de personas no es una cantidad acertada. Asimismo, encontrarlos no era tarea fácil ni uno sabía, hasta que se tenía que enfrentar a ello definitivamente, dónde se encontraban éstas consultas. En la mayoría de los casos las parejas decidían esperar al lunes para poder adquirir el comprimido, con el consiguiente paso de las horas, que hacen que la píldora sea menos efectiva.
La sociedad española ha de adquirir una mayor confianza en sí misma, y sobre todo en su juventud. Es el dilema de un pueblo que ha sufrido cambios muy drásticos en los últimos 30 años, algunos de los cuales son difíciles de asimilar por su población más adulta o conservadora. El que la píldora se dispense sin receta médica es algo que las autoridades sanitarias han venido a considerar pertinente, decisión que, por supuesto, ha de estar acompañada de una campaña de concienciación ante el uso del comprimido y en pos del uso del preservativo u otros métodos anticonceptivos -que nos consta ya activa-. Se ha dejado bien claro que el comprimido postcoital sólo ha de utilizarse en momentos de verdadera urgencia y que su uso continuado es dañino para la salud. Asimismo, es necesario también que la sociedad española haga un acto de credulidad y observe que, en muchas ocasiones, la juventud es más madura de lo que parece.
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